
Lograr la longitud de onda adecuada
No nos limitamos a fabricar lámparas. Nos dedicamos a manejar fotones. En nuestro laboratorio, pasamos mucho tiempo intentando lograr un equilibrio perfecto en cuanto a la longitud de onda. Esa es la diferencia entre una lámpara que simplemente emite luz y otra que realmente puede romper los enlaces moleculares. Cuando se trata de esterilización por UV o curado industrial, unos pocos nanómetros pueden marcar la diferencia entre un trabajo bien hecho y un completo fracaso.
El punto óptimo
La mayoría de las lámparas UV son ineficientes; desperdician energía por todas partes. Nos enfocamos en lograr ese valor de 254 nm para poder realizar tareas de esterilización eficazmente. Ese es el valor ideal, ya que en él el ADN y el ARN absorben realmente la energía. Si el valor de la longitud de onda se desvía aunque sea ligeramente, digamos a 260 nm o 270 nm, la velocidad de esterilización disminuye drásticamente. Para evitar esto, somos muy selectivos con respecto al gas utilizado y a los materiales de los electrodos. Mantenemos todo bajo control.
Calor y vidrio
No se puede utilizar cualquier tipo de vidrio aquí. El vidrio convencional bloquea completamente los rayos UV-C. Por eso utilizamos cuarzo sintético de alta pureza (sílice fundida). Este material permite que la luz pase a través sin interferencias. Pero hay un problema: la luz UV de alta intensidad genera mucho calor. No basta con aumentar la potencia de la lámpara; si el tubo se calienta demasiado, la presión del vapor de mercurio cambia y la longitud de onda también se ve afectada. Para solucionarlo, utilizamos sistemas de refrigeración para mantener la superficie del cuarzo a una temperatura específica. De esta manera, la luz permanece estable y la lámpara no se daña tan rápido.
Encontrar el equilibrio
Curar resinas es algo completamente diferente a matar gérmenes. Para curar, generalmente se necesita luz UV-A o UV-B, para que la luz pueda penetrar profundamente en la capa de recubrimiento. Ajustamos los aditivos presentes en el vidrio para filtrar la radiación de onda corta que podría dañar el sustrato. Claro, así se obtiene una mayor eficiencia, pero se pierde algo de potencia. La velocidad de procesamiento depende de la irradiancia (mW/cm²). Si se aumenta la potencia para acelerar el proceso, existe el riesgo de sobrecalentar el producto. Se trata de encontrar un equilibrio entre la cantidad de potencia que se puede generar y la cantidad de calor que se puede disipar.